El territorio de las relaciones está vivo
Si algo he aprendido a lo largo de mi camino, es que las relaciones no son estructuras estáticas ni fórmulas que se resuelven una vez y para siempre. El territorio de los vínculos está profundamente vivo: se mueve, muta, nos confronta y se reorganiza constantemente.
No existimos en el aislamiento. Todas las relaciones de nuestra vida están interconectadas por una misma trama invisible: la forma en que habitamos la intimidad con una pareja sostiene la manera en que encaramos la maternidad o la paternidad; la relación con nuestro propio cuerpo y nuestros recursos condiciona el tipo de límites que logramos poner en una amistad; y las memorias de nuestra historia familiar tiñen nuestra capacidad de mostrarnos ante el mundo. Existimos en y por la relación; desde la interacción más sutil hasta el origen mismo de la vida, nuestra existencia surge del encuentro con el otro.